Desde la modernidad nuestro
pensamiento ha tendido a dividir al mundo en dos partes opuestas, vemos todo
como una dualidad, una dicotomía que es fija e inmutable. Dos partes
exactamente iguales pero exactamente opuestas, las que se oponen pero que se
complementan. La idea de hombre-mujer es la dicotomía que define a la mente
hetero. Observamos al hombre y a la mujer como seres que están destinados a
relacionarse, cada uno representa lo que el otro no es, lo que los divide tan
radicalmente que todo lo que se aleje de alguno de los dos es visto como
anormal.
El que nos diferenciemos tan
tajantemente entre hombres y mujeres trae consigo consecuencias inesperadas en
tanto a la manera que vemos el mundo en general. Asociamos diferentes cosas a
un género o al otro y lo tomamos como natural aunque no haya ninguna relación
directa.
“La consecuencia de esta tendencia a
universalizar todo es que la mente hetero no puede concebir una cultura, una
sociedad donde la heterosexualidad no ordene no sólo las relaciones humanas
sino también la misma producción de conceptos e inclusive los procesos que
escapan a la conciencia” (Wittig, pp 2)
En el ejemplo de la novela de Betty
la fea se evidencia el concepto de la mente hetero en varios puntos empezando
con el principal: la protagonista Betty no es femenina, es decir no representa
lo que se puede entender como una mujer atractiva y arreglada. Esto se
evidencia en contraste con las antagonistas de la historia, las cuales son todo
lo opuesto a Betty, son hermosas pero tremendamente tontas. Ellas representan
al ideal femenino que Betty busca
alcanzar. Entonces al final de la telenovela la protagonista logra negarse a si
misma, por así decirlo, y termina repitiendo el ideal de belleza de siempre,
aunque a lo largo de toda la novela se intente romper dicho ideal.


No hay comentarios:
Publicar un comentario