miércoles, 27 de enero de 2016

Mente hetero

Desde la modernidad nuestro pensamiento ha tendido a dividir al mundo en dos partes opuestas, vemos todo como una dualidad, una dicotomía que es fija e inmutable. Dos partes exactamente iguales pero exactamente opuestas, las que se oponen pero que se complementan. La idea de hombre-mujer es la dicotomía que define a la mente hetero. Observamos al hombre y a la mujer como seres que están destinados a relacionarse, cada uno representa lo que el otro no es, lo que los divide tan radicalmente que todo lo que se aleje de alguno de los dos es visto como anormal.

El que nos diferenciemos tan tajantemente entre hombres y mujeres trae consigo consecuencias inesperadas en tanto a la manera que vemos el mundo en general. Asociamos diferentes cosas a un género o al otro y lo tomamos como natural aunque no haya ninguna relación directa.
“La consecuencia de esta tendencia a universalizar todo es que la mente hetero no puede concebir una cultura, una sociedad donde la heterosexualidad no ordene no sólo las relaciones humanas sino también la misma producción de conceptos e inclusive los procesos que escapan a la conciencia” (Wittig, pp 2)


En el ejemplo de la novela de Betty la fea se evidencia el concepto de la mente hetero en varios puntos empezando con el principal: la protagonista Betty no es femenina, es decir no representa lo que se puede entender como una mujer atractiva y arreglada. Esto se evidencia en contraste con las antagonistas de la historia, las cuales son todo lo opuesto a Betty, son hermosas pero tremendamente tontas. Ellas representan al ideal femenino  que Betty busca alcanzar. Entonces al final de la telenovela la protagonista logra negarse a si misma, por así decirlo, y termina repitiendo el ideal de belleza de siempre, aunque a lo largo de toda la novela se intente romper dicho ideal.

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