La televisión es una de las formas de transmitir discursos con más acogida, pues este aparato hoy en día se encuentra al alcance de grandes cantidades de personas. Dentro de la televisión las telenovelas siguen de moda, y sin darnos cuenta a través de estas recibimos mensajes que más adelante son naturalizados para convertirse en una realidad. Así como muchas imágenes que permanecen en nuestra memoria colectiva.
El éxito de la novela se debe a que cuenta
la típica historia de la chica insegura de si misma por no encajar en al canon
de belleza y que aun así logra conquistar al amor de su vida. Una premisa que
atrapa a muchos y gracias a la cual la telenovela ha llegado a distribuirse en
muchos países, en todos con leves diferencias pero con la misma esencia.
Se va a analizar a
la novela desde la perspectiva del género principalmente, es decir, como
la misma muestra al hombre y a la mujer en la pantalla. A Armando se lo presenta como un hombre infiel, mujeriego,
celoso, agresivo mientras que a Betty la muestra recatada, inexperta en el
amor, tranquila. Ambos representan al típico hombre y mujer de las novelas, la
imagen que se repite una y otra vez se convierte en el discurso que busca
llegar a la masa en general, se vuelve doctrina. “La doctrina… tiende a la
difusión; y es por la aprehensión en común de un solo y mismo conjunto de
discursos como individuos, tan numerosos como se quiera imaginar, definen su
dependencia recíproca” (Foucault, 1970, pp 26) El discurso a más de ser
validado por estar en televisión ha sido reforzado por la numerosa cantidad de
remakes a nivel internacional en sus casi treinta adaptaciones en todos los
continentes del mundo, casi todos conocen la historia de Betty y es por eso que
se identifican con facilidad. La idea de la mujer bella y la mujer fea ha sido
reforzado en exceso en el mundo con las diversas adaptaciones de esta historia,
ahora el mundo asocia la inteligencia a la fealdad y la estupidez a la belleza.
Si es bonita tiene que ser bruta y si es fea tiene que ser inteligente.

